Fácil fijarnos en los ándenes, en las alamedas, en las bibliotecas, en transmilenio y en todo lo que nos enorgullece a los bogotanos. Sin embargo, hoy es una buena oportunidad para mirar para otro lado. Mirar no las cosas sino las personas.Mirar a los miles de ciclistas en las ciclorutas que van o vienen del lugar donde buscan el sustento de sus familias. Mirar al jóven "traqueto" que casi nos aplasta con su 4X4, detenernos en los rostros de las personas que con el cansancio del día, van colgando de las barras en los buses, ver al niño indigente que se pega al parabrisas o el joven guía de Misión Bogotá que intenta "educar" una ciudad apática. Observar a la ejecutiva joven en su "corsa evolution" que sonrie mientras espera que el semáforo cambie a verde. Miles de rostros, miles de circunstancias. Unas de ellas buenas y la mayoría no tan buenas. Rostros para llorar, rostros para reir. Vidas en abundancia, vidas en supervivencia. La realidad de una ciudad de contrastes, de desigualdad, de esperanza y de las millones de almas abriéndose paso en la vida. ¿Qué podemos hacer como ciudadanos para mejorar la calidad de vida de los otros? ¡cualquier otro!




¿Será que nos estamos devolviendo en el tiempo? o mas bien,¿nos invade el virus del no nos importa nada, ni nadie? o tal vez, ¿hemos decidido que el todos contra todos funciona mejor? o que el démosle donde mas le duela es la mejor solucion? no sé, lo unico claro es que Bogotá que tanto ha avanzado en politicas publicas de seguridad, que ha atendido una transformacion urbana tan importante en los últimos diez años, en donde la participacion ciudadana ha sido tan importante, todo esto pareciera desaparecer por minutos.