miércoles, febrero 14

[+] amarillo en Bogotá

Hemos descubierto que hay algo más rápido que la velocidad de la luz: el ojo de los taxistas de Bogotá. Estos tienen la capacidad de ver el verde casi cuatro segundos antes que el resto de los mortales. Hagan la prueba, observen que pasa justo antes que el semáforo cambié, seguro oirán un pito, dos, tres y todos provenientes de un poco amistoso “amarillo”.

Manejar en jornadas de diez, quince o quien sabe cuántas horas, va afectando la paciencia de estos conductores, bueno quien no pierde la paciencia manejando en Bogotá, pero la falta de paciencia no se debe traducir en sinónimo de peligro. La pericia que adquieren en sus extenuantes jornadas se traduce en velocidad, maniobras arriesgadas y no pocas veces en estrelladas.
Sus pitazos recurrentes, sus zigzagueo indiscriminado, sus frenazos a milímetros son sólo un ejemplo de lo que tienen que sufrir a diario los otros conductores y los transeúntes, pues para los taxistas no existen cebras, ni pasos peatonales. La persona no existe a menos que les saque la mano para pedir su servicio.

La “fiebre amarilla” todos la padecemos, los taxis siguen llenando la ciudad, y si bien, es una buena fuente de ingresos para muchas familias, también es cierto que la ciudad no debe sufrir esta sobreoferta, que unida a la del transporte público colectivo, nos sigue llenando la ciudad de humo, trancones e impaciencia. ¡amarillos, suave, suave con la ciudad!

7 comentarios:

Natalia León dijo...

Las fotos de este blog me gustán mucho. Los taxis son tremendos, mi carro ya tiene tres rayones amarillos, y soy tronca para manejar pero ¡lo juro! siempre ha sido culpa de los taxistas

Luis N. dijo...

Bueno no hay que satanizar a todos los taxistas pero creo que la alcaldia deberia volver ha hacer un pacto como el que hizo Antanas, y la policia castigar a los que ponen en peligro a los demas ciudadanos

Anónimo dijo...

yo creo que deberian hacer un pico y placa semanal para los taxis.

Alejandro dijo...

Y que me dicen cuando se les da por cobrar lo que se les da la gana. Y si una llega a quejarse, eso s un peligro. Entre los taxistas hay gente muy peligrosa, varios son muy buena gente pero da hasta miedo hay veces

Anónimo dijo...

no sean tan reaxionarios

defenzor dijo...

Muy chevere el blog. No lo conocia y me quede pegado.

Carlos Sanabria dijo...

Siento que el problema de los taxistas es de educación y de cultura. Cordial saludo.